El dichoso gatito de la cajita.

El gato de un científico austriaco me dijo muy relamido: “No sabrás qué pasa mientras no abras la caja; Si no la abres será un fracaso pero si la abres también podría serlo.” Lo que en el lenguaje popular vendría a ser “El no ya lo tienes.” Así que como a priori sino lo intentas todo está perdido, te dejas llevar y no piensas en lo que pueda pasar. Así que no tienes miedos; o al menos no piensas en ellos. Porque como no hay salida… ¡Jódete y baila!

Para el que no conozca la existencia de este gatito encajonado diré que es un experimento hipotético de un austriaco llamado Erwin Schrödinger que consiste en un gato común (Felis silvestris catus) dentro de una caja con un mecanismo en su interior que conforma un sistema gato-dispositivo – Wikipedia mediante – que podría acabar con la vida del gato, o no. Si no abres la caja no puedes saber si ha muerto, si la abres interviene el principio de incertidumbre por el cual el observador influye en lo observado. Total una comedura de tarro que en realidad solo entienden los Stephens Hawkings y los Sheldons Coopers. El resto de mortales nos conformamos con pensar que lo mejor para el gato es que siguiese vivo. Porque nos da penita y eso.

La interpretación que yo hago del gato de Schrödinger – que supongo que se llamaría Klaus, Wolfang, o Niki – es que es da un sentido a la vida de un determinismo sucio que un niñato lector de El Extranjero que piensa que la existencia humana es un teatro absurdo le resulta cuanto menos insultante y frustrante. Los factores azarosos en la vida determinan más de lo que deberían, y no debería ser así; porque yo no merezco que todas las horas de dedicación a mejorar mis dotes interpretativas delante de un espejo y besando una almohada, por intentar conquistarte con mis besos, para que toda mi vida dependa de factores casuales ajenos a mi voluntad. Así que ya está todo hecho, no puedes hacer otra cosa que joderte y bailar. Qué más da que un lector no le guste lo que escribas, que le causes repulsión a una chica, que los puentes me den yuyu, que pierda tu equipo todos los putos domingos o que Hiroshima no fuese el sueño de un loco. ¡Jódete y baila! O dicho de otra manera más optimista; ¿Para qué vas a ponerle puertas al mar? No sé si el dichoso gatito de la cajita está vivo o muerto. No sé qué puede pasar mañana, ni qué hubiese pasado si… Mañana tomaré mi té con leche en la misma cafetería, y compraré el periódico en el mismo kiosco, pero nunca volverá a repetirse ese momento. Ni ese, ni el otro. Nunca habrá dos momentos iguales. A pesar de todo esto me alegro que el azar nos haya encontrado. Me alegro de haber abierto la caja arriesgándome al fracaso. Y que sea el azar el que pone siempre en tus labios “¿Sabes qué? Te quiero.”

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