Eyjafjallajökull y otros nombres de volcanes.

Le lanzo un ojo a las portadas de los diarios y todos hablan de los trastornos ocasionados por un volcán islandés llamado Eyjafjallajökull, pa’ que lo pronuncie uno de Murcia. Islandia la entiendo como un país del que solo sabemos que es una isla, nada más obvio, hace frío, viven la actividad tectónica como aquí se viven los domingos paelleros con los suegros y que es un partido fácil si alguna vez nos toca a nuestra ilustre selección de futbol en alguna ronda clasificatoria de la Eurocopa o derivados. Entiendo que los Erasmus que viajan estos días de un lado a otro de Europa se sientan jodidos (¿Porqué todos los testimonios son de Erasmus? ¿Solo viajan ellos en estos días o qué? Estos universitarios siempre Livin’ la vida loca. Bueno, no tanto desde… pero ese es otro tema) Para los que no tenemos ni reservas en Praga o London y lo de viajar es una quimera estival y quedamos con nuestras rutinas pre y posvolcánicas todo el rollo vulcaniano nos suena un poco a chiste de “van un gallego, un americano y un islandés…”

Hoy en Oviedo hace un buen día, el sol brilla y calienta bastante para ser Abril; las señoras mayores, he preferido no poner viejas aunque sea la palabra que las delimita correctamente, se tuestan al sol buscando qué se yo qué, y la gente pasea a sus perros por el parque del Oeste como si tal cosa. He buscado en el cielo alguna nube de ceniza, más o menos a baja altura, 2000 metros decían los últimos datos, pero solo he encontrado nubes comunes. Hechas de sueños supongo, no de ceniza. La única ceniza que veo cerca es la del cigarrillo que estoy fumando, y no creo que sea tan densa como para averiar un rotor lateral, la junta de culata o un manguito, o lo que Dios quiera que lleven los Aviones. Si me hablan de ingeniería aeronáutica es como si me hablan de la obra de Proust. Entiendo que hablen mi mismo idioma pero no que estén en mi mismo mundo. Los técnicos e ingenieros siempre me han parecido figuras míticas; capaces de resolver cálculos imposibles o inventar las cosas más útiles; aunque luego piensen que una mujer consta de una amalgama de elementos perfectamente objetivables y reparables con llave inglesa si fuese preciso. Bueno, siguiendo con el tema de la tizna y el polvo combustionado, lo único en lo que podría afectarme la ceniza aparte del cáncer de pulmón, de laringe, el olor en los dedos o una mancha en mi pantalón es que mi madre me echase una buena bronca por seguir fumando teniendo asma desde pequeño.

En definitiva, lo que quiero decir es qué me importa a mi, hijo del tedio de la rutina capitalista productivista, que una nube de ceniza tape el sol y se produzca el invierno nuclear. O que los Mayas pronosticasen el fin del mundo en 2012. Lo más probable es que no me enterase hasta última hora, y con toda seguridad después de salir de trabajar, por joder. Estos fenómenos de la naturaleza tienen muy mala intención.

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