Tangerino Capitán

El bravo capitán Tangerino había surcado a bordo de su galeón todos los mares por dónde un barco pirata de diecisiete mástiles tuviese sitio donde aparcar. Había sido el más duro y temible de los piratas del caribe; robado a los españoles y a los ingleses, a los franceses y portugueses, y otra vez a los españoles. Había bebido más ron de caña que cualquier otro marinero; había perecido de resaca cada mañana desde hace 20 años. Se había enfrentado, cuchillo entre los dientes mediante, a los más rudos y fuertes marineros, piratas de otros clubes, bucaneros, corsarios, filibusteros, porteros de discoteca, militares de la reina, revisores de metro y todo aquel que se le pusiese por medio. Había montado él solo y sin instrucciones todos los muebles de IKEA del galeón. Era un hombre capaz y valiente. Y también  había follado con violencia, y sin mimitos, a las más bellas mujeres del caribe; cuerpos descendientes del sol, calientes como ascuas y cabellos sucios; había sudado sobre ellas como animal en plena caza y sin importarle si ellas también se corrían ¡¡Qué hombre!! Su apariencia regia, su barba de mil días y mil noches, los perdigonazos al hablar, su lenguaje vulgar, la ornamentación de calaveras de contrarios, los collares de dientes de tiburón…No había duda que el capitán Tangerino era un autentico pirata; temido por sus compañeros de batallas y mucho más por sus enemigos. Había invitado a pinchitos y galletitas saladas en todos sus cumpleaños. Era un autentico pirata.

Su figura se había convertido en un lastre tan pesado que toda su tripulación se había cansado de su pútrida egolatría. Las continuas humillaciones a piratuelos de menor rango,  las duras discusiones con los piratas más veteranos, los conflictos de poder, la bajada de las acciones piratas en bolsa y la nada desdeñable tasa de mortalidad por mordisco de escualo de los últimos tiempos habían hecho que su tripulación se hartase de los abusos del capitán Tangerino. ¡¡Por la calavera de Barbarroja!!¡¡Cuanto daño emocional!!

Así que un buen día ocurrió lo inevitable. Un motín a bordo. Todos estaban contra él y no parecía que fuese capaz de imponer su autoridad como muchas otras veces..En Esta ocasión no valdrían artimañas, no valdría amenazarles ni los flyers de descuento para fiestas piratas. Eran todos contra uno. No tenía salida.

Y dos días después, una mañana de Abril, el capitán Tangerino se encontraba en la popa del barco, sobre un tablón de madera que saludaba al abismo, con cadenas infranqueables alrededor de todo su cuerpo. Sustento solo por una soga atada a la cintura que le amarraba a la vida. En un lado el precipicio, miles de brazas de Océano Atlántico donde jugar. A la espalda los lobos de mar; maldiciendo, escupiendo con asco y dirimiendo sobre el destino del hasta entonces su superior.

–          No lo hagáis compañeros, recordad todo los que hemos pasado juntos. – Exclamó Tangerino con temor y nerviosismo en sus labios.

No hubo respuesta. Todo parecía hecho para que soltasen la soga y el capitán se fuese a nadar con los patos.

— un pirata joven irrumpió — ¡¡Por qué no íbamos a hacerlo pedazo de mierda!!! ¡¡Eres un ser repugnante!! Yo me alisté en los piratas para follar con chicas bonitas, escuchar a Clapton, tomar el sol y vivir la vida loca. Y tú siempre te pedías “primer” para follar. Y nos torturabas con esa mierda de los ochenta; los maricones de Wham!, Eurythmics y Europe. Prepárate para tu “Final Countdown” Tangerino.

–          Lo siento, de verdad. ¡¡A partir de ahora me portaré bien!!

Todos los piratas entraron en cólera; tantas promesas incumplidas.

— ¡¡Cabrón!!¡¡Bastardo!!¡¡Vas a morir!!  — El bullicio era enorme. Aquello parecía un Oviedo – Sporting. — ¡¡Arbitro hijo puta!! –

— No hay nada que puedas hacer o decir que te salve de esta Tangerino. Vas a ser comida para peces. Y no creas que en esta zona del caribe hay tiburones para que tu muerte sea rápida. Aquí solo hay peces de colores de acuario. Morirás por besitos de morritos de pez naranja. –  dijo un pirata que parecía de mayor rango.

Tangerino estaba desesperado. Uno nunca se imagina como va ser su propia muerte y parecía que esta vez, después de todas las que había montado no se iba a salir con la suya. Así que sacó a relucir el único y más poderoso instinto que tenía grabado a fuego en su inconsciente después de tantos fragores de batalla. De tanto rugido de bayonetas.

— ¡¡Os chuparé la polla a todos!! – Gritó.

Un silencio frío cortó el aullido. Unos se miraron a otros. Los segundos se hicieron meses.

— Será mari…– Intentó decir el contramaestre. Tangerino le interrumpió.

— Si me dais muerte horribles maldiciones caerán sobre vosotros. Mi fantasma no os dejará en paz, vendrá a visitaros todas las noches. Vuestra vida será un calvario.

— ¡¡No nos asustas maricón!!

— Dos  maldiciones serán las que sufriréis – siguió el capitán – Hacienda os retendrá más que nunca cuando consigáis un tesoro o un botín. Y cuando pase el año fiscal prepararos para que os metan un palo por el culo en la declaración. ¡¡Vais a querer morir!! ¡¡ Y Hacienda somos todos!!

— A mi da igual Tangerino. Yo no llego al salario mínimo interprofesional. No hago la declaración. – Dijo elescribanodelbarco.

— Pues tú… pues tú… tú… – dudó Tangerino – Tú no volverás a poder escribir tacos en tus relatos escritorcillo modernete. Sentirás pudor. No volverás a escribir “coño”, será sustituido por “vulva.” Todo te sonará zafio, y un psicoanalista te recordará ese episodio oculto de tu infancia cuando tu padre metía su mano por debajo de tu pantaloncito. “Pirula” te despertará sonoras carcajadas de adolescente subnormal ruborizado. — El escribanodelbarco quedó desolado.

— La otra maldición que la espada de mi muerte os devolverá será que todas las noches mi fantasma os rondará en vuestros cuartos. Dormir será un sueño para vosotros. Y si conseguís pegar ojo mi fantasma os follará por detrás hasta la extenuación.

La soga se deslizó entre unos dedos callosos y el Capitán Tangerino se precipitó hacía una muerte de besitos de morritos de pez naranja. Todo fue algarabía y jubilo entre la tripulación, aunque con un cierto temor a que la mala fe de Tangerino pudiese cumplirse. Hubo un tiempo en que todo transcurrió con normalidad hasta que inspectores de Hacienda con sus lanchas motorizadas empezaron a abordar el barco con sus camisas de manga corta y los brazos en cuña. Los doblones de oro, de plata, los florines, los reales y todos los tesoros que con fragoso trabajo conseguían en los asaltos se iban con sus mayores enemigos, los funcionarios del Estado.

Así que todos los piratas del barco aprendieron una valiosa lección en vistas del próximo año fiscal: Nunca des muerte al capitán homosexual de tu barco pirata sino tienes un buen asesor fiscal. Su fantasma puede sodomizarte mientras estés dormido y Hacienda puede rozarte con la puntita.

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