Un conductor inglés

Si un Aston Martin, un Jaguar o un viejo Rover descapotable bien traído desde las islas recorre las carreteras de Zamora, Salamanca o las estrechas caleyas asturianas puede que los dos elementos; carretera y automóvil consigan hacerse valer para el fin que fueron construidos. Los tapacubos cromados rocen los mares de viento y trigo; y la capota descanse plegada de la fatiga del sol; y que los espejismos al final de la vista den vida y sueños; en el radiocasete suene Born to be wild y nada tenga más sentido que las nubes; antes que el cielo; el cielo antes de la inmensidad de la meseta.

Puede que en ese viejo Rover burdeos con capota de tela se den muchas historias, las Ray Ban oculten lágrimas y algunos destellos de su melena rubia se venga al asiento delantero izquierdo en un lugar entre Oviedo y Zamora; Los cristales se empañen al remanso de alguna playa en calma. Ese viejo coche le de la razón a Kavafis y lo importante sea siempre el camino y no los tesoros que Ítaca pueda ofrecerte.

Puede que todo sea cierto por una vez, pero si un conductor inglés – con el volante a la derecha – maneja su viejo Rover descapotable por las carreteras de Zamora, Salamanca o las angostas caleyas asturianas puede que vaya en la buena dirección; pero siempre ira en el sentido contrario.

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