Tráeme la luz

El tema que hoy voy a tratar es un tema delicado. Es muy difícil abordarlo sin entrar en la autocompasión, auto condescendencia o simplemente la tristeza. Pero la mayoría de las soledades tiene ese pequeño rastro de tristeza. Es inevitable. Uno no se siente solo por no estar acompañado. La soledad no la componen un espacio y un determinado número de personas. Un ente indivisible no está solo por naturaleza. Uno solo, puede estar completamente aislado pero no sentirse solo. La soledad es más bien una persona en ausencia de otra. El ausente puede formar parte de su pasado, de su presente o de su futuro. Puede que ni siquiera esas dos personas se conozcan. Pero se necesitan, o por lo menos unilateralmente por parte del primer sujeto. En mi caso es la nostalgia del pasado, el dolor del presente y el miedo del futuro el que me agarra a un vacío. Es una cueva subcutánea. No está en mi mente, no me hiere mientras camino. No es la música ni los rostros la que me conducen a ella. No se mueve, no articula palabra, no es el acento de nadie, no grita desesperada. Es más bien un instante de cualquier minuto del día, un momento, un recuerdo o un presentimiento. Es una cueva oscura de tu ausencia. El temor a quedarte encerrado en ella sin ver ninguna señal o luz que conduzcan a la salida, y así poder desgarrar la carne, despertar de la muerte, enloquecer como niños, dormir con sueño, soñar como inocentes.

La oscuridad no quiere que veas más paisajes de postal, no quiere sentir cosas preciosas, no quiere ir tan lejos como pueda porque ella te necesita en ese instante. La luz, en cambio, quiere quitarte las gafas oscuras, dejar que caigan lágrimas por tus mejillas, dejar un surco en tu piel, llegar hasta tu boca y paladear el sabor salado de la arena. Es el sabor que nos indica que estamos vivos. Que los días no pasan en vano, grises, opacos. La luz quiere sufrir, sentir dolor en su pecho, agotar toda esperanza, fumar hasta el último cigarrillo. La luz no quiere que nadie la atrape. Todo eso es mejor que tener los ojos cerrados o andar a tientas por una ceguera inducida. La luz quiere sentir.

Me siento solo sí. Me siento solo en ausencia de ti. Tráeme la luz. Hazme llorar. Acuérdate de vivir. Tráeme la luz.

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