Un par de fragmentos de “De qué hablo cuando hablo de correr” de Haruki Murakami

Os dejo un par de fragmentillos de este libro que leí el otro día en un avión, no es que sea genial pero está entretenido y se lee de un tirón. Reflexiona acerca del hecho del correr y el escribir, y establece ciertos paralelismos entre ellos de cómo la disciplina de un entrenamiento diario le influye a la hora de ponerse a escribir y en la vida en general. Además para la gente como yo que nos dedicamos a esto del masoquismo deportivo te recuerda cosas que tú has sentido.

Pues sí amigas modernas, Haruki Murakami además de vuestro escritor favorito de modernadas también es maratoniano y triatleta. =)

“Por supuesto, fisicamente resultó muy duro y, en el plano psicologico, viví momentos de gran decaimiento. Pero esa dureza viene a ser algo así como una premisa para los deportes de esta índole. Si el sufrimiento no formara parte de ellos, ¿quién iba a tomarse la molestia de afrontar desafios como una maratón o un triatlón, con la inversión de tiempo y esfuerzo que conllevan? Precisamente porque son duros, y precisamente porque nos atrevemos a arrostrar esa dureza, es por lo que podemos experimentar la sensación de estar vivos; y si no experimentamos esa sensación plenamente, si al menos de manera parcial. Y, a veces (si todo va bien), podemos aprender que lo que de veras da calidad a la vida no se encuentra en cosas fijas en inmoviles, como los resultados, las cifras o las clasificaciones, sino que se halla, inestable, en nuestros propios actos.”

“En la vida real, no obstante, las cosas no suelen salir tan bien. Cuando en un momento de nuestras vidas, acuciados por la necesidad, deseamos que ocurra algo agradable, la mayoría de las veces el que llama a las puertas de nuestras casas es el cartero trayéndonos malas noticias. No puede decirse que eso ocurra siempre, pero sí sé, por experiencia, que nos trae más a menudo noticias tristes que alegres. Se lleva la mano a la gorra y pone cara de sentirlo mucho, pero eso no influye ni un ápice en el contenido del mensaje que nos entrega. Pese a todo, no es culpa suya. Nada se le puede reprochar. No podemos agarrarlo de la solapa y zarandearlo. el pobre cartero sólo cumple honestamente con el trabajo que le han encomendado su jefa. Y su jefa no es otra que…, eso es, una vieja conocida: la realidad.

De ahí que necesitemos un plan B.”

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