Los viajes, la vida, escribir.

Hace una semana que llegué de un viajecillo a Roma. Siempre estas escapaditas que hago suelen ser un tiempo que dedico para leer, escribir, ver mundo y fijarme en esos pequeños detalles de la tragicomedia humana que la rutina destruye-animas no nos deja apreciar. Lo cierto es que no hubo en mi ningún estimulo especialmente inspirador en este viaje, ni ninguna gana de escribir ni de inventar historias. Otras veces habría escrito sobre algún encuentro casual con una mujer, o alguna historia humana que sirviese para reflejar la conexión perdida entre las personas, que está ahí pero que nunca sentimos y cuando esto sucede no la identificamos como propia y nos sorprende por directa y por cabal. Sí, claro que vi situaciones que hubiese podido novelar, unas miradas y un gusto mutuo con una chica en el metro. Rasgos muy italianos, ojos claros, pelo castaño y ondulado y una gran nariz. Jersey de punto. Muy italiana. Y quizá podría escribir sobre el sexo furtivo en su terraza y copa de vino. Y yo qué sé… aunque en ocasiones se repita, el cauce de la inspiración se puede encontrar en las cosas más nimias y en las mentiras más consagradas.

En esta ocasión no, más bien estuve pensando en la soledad, y escribí algunas paginas en la libreta, no quiero leerlas, no hay nada especialmente revelador que no pueda decir ahora. El pensamiento principal es que el que se siente en soledad en su hogar, en su casa, en su ciudad, es muy probable que se sienta solo en cualquier lugar del mundo. Los taxis y los aviones no te separan de tu soledad, no hay soluciones geográficas a problemas emocionales, esto es algo que me he repetido muchas veces. ¿Y por qué viajo solo entonces? ¿Qué es lo busco? ¿Estoy interesado en contemplar obras de arte o museos? A la ultima pregunta puedo responder con facilidad. No soporto al turista, yo me considero viajero pero no turista, no entiendo a esa gente que visita un monumento o un museo y pone un falso interés en lo que ve, algo que no entiende. Si yo realmente estuviese interesado en Borromini o en Miguel Ángel hubiese estudiado historia del arte o algo así. Así que yo en los museos me dedico más a ver a la gente, con la cara embobada colgando del techo, la boca entreabierta como iluminados y lobotomizados, la reflex clic-clic -clic haciendo fotografías para poder decir a sus compañeros de oficina, que también hacen escapaditas imbéciles de bajo presupuesto, que estuvieron allí, que vieron eso que no sabían ni qué cojones era. ¡Idiotas!

He de reconocer que Roma me dio igual desde el primer momento que la pisé, no sentí esa necesidad de envenenarme de su atmósfera como había sentido en Atenas o en Londres. Y quizá eso me permitió contemplarla desde una visión más global y menos fanática del que ansía vivir mucho en poco tiempo. Me dio tiempo a perderme y a caminar en linea recta sin mirar jamás el mapa, y también a sentarme en los lugares en los que tenía ganas de sentarme. Y aquello no era ni bueno ni malo, era. Cuando estaba sentado en el avión de vuelta pensé cómo había salido el viaje, esto es porque que tiendo a hacer valoraciones objetivas de todos los aspectos de mi vida, y pensaba que quizá no hubiese encontrado en Roma el perfume de una mujer en La Alhambra, o el desgarro londinense, no hubiese perdido la inocencia que perdí en Atenas, o el sueño no cumplido de Barcelona. Pero había caminado, y el caminar era la conclusión fundamental de aquel viaje. No sabes para qué sirve, pero has dado muchos pasos, y en todos aquellos pasos que diste has aprendido algo, has visto algo, has escuchado algo. En cada metro recorrido estás viviendo tu vida, y quizá no es la vida que un día soñaste pero es una vida, la única vida, por la que merece la pena seguir caminando. Y aunque decir esto me entristezca un poco por negarle o subyugarle valor a tanto camino en soledad, quizá un día te encuentres en un cruce de caminos, llevando lo que has aprendido en tan largo viaje y alguien se anime a dar pasos contigo y seguir en una misma dirección. Tu caminar se haga más liviano y puedas también enseñarle a aquel lo que te ha enriquecido y todos los lugares por los que has pasado.

..

Me detengo en las miradas, me escapo detrás
busco en ese mar de miradas perdidas
azules, verdes, de todos los colores
son tan libres como libres son los hombres

+Bonus: Como quien da un refresco

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Un pensamiento en “Los viajes, la vida, escribir.

  1. C. dice:

    Buena reflexión, me la quedo, necesitaba leer algo así un viernes gris como hoy.

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