Apareciste en el tercer acto.

Ciertamente no tengo ganas de explicarle a nadie la significación del significado de lo que soñamos. La gente que cuenta sus sueños suele ser gente tremendamente coñazo, a nadie le importa qué es lo que sueña (dormida) otra persona. Bastante tenemos con los propios nuestros. Como leí hace poco, una persona al que parece que le interesa que le cuentes tus sueños no pretende establecer un contacto personal contigo ni quiere tu amistad, lo que quiere es llevarte a la cama. Y con llevarte a la cama no quiero decir acunarte y arroparte para que tus sueños sean menos perturbadores, quiero decir follar a cuatro patas. (Ya sé que esto era una obviedad innecesaria pero quería aclararlo) Luego quedarse a dormir o no es opcional.

Y hay a quien sus sueños realmente le traumatizan, les llena de una culpa que no viven despiertos y que hacen que odien el momento de cerrar los ojos y abrir un mundo de difícil control. Quizá sea eso lo que nos asusta de los sueños, la poca capacidad de control que tenemos sobre ellos. Sí, tú quizá puedas maniobrar como si estuvieses imbuido en un videojuego, pero el escenario y el contexto lo pone el subconsciente, y ahí no hay más narices que rendirse ante esa realidad escondida pero que se manifiesta de manera tan patente y devastadora cuando le viene en gana.

En realidad no sé qué quiero expresar, todo acerca de lo onírico es como muy obvio y personalísimo. Es difícil o imposible interpretar lo de un tercero, solo la propia persona que lo vive es capaz de darle sentido a lo soñado. Como en antropología el relativismo cultural, pues lo mismo. Y reconozco que mientras más mayor me he hecho y más me he llenado de miedos, más me ha costado dormir, y mis sueños me han devuelto todas aquellas realidades que me niego en el día a día. Puede que de ahí venga la expresión “dormir como un bebé” Quizá la inocencia sea condición sine qua non para tener un sueño reparador y confortable. Vuelvo a lo obvio.

¡Basta ya! Supe desde la primera palabra lo que quería decir, apareciste en mi sueño, apareciste en el tercer acto, o en lo que parecía el tercer acto. Abriste la verja del ascensor de aquel viejo edificio de Madrid mientras yo salía, me sorprendiste, y me esperabas como sabiendo que tenías que esperarme, que ya era hora de que llegase a casa, de que abriera la puerta y que por fin estuviésemos juntos en casa. Llevabas la compra en una bolsa de cartón como en aquellas series americanas de los noventa, sostenida sobre tus piernas de alfiler, con esa cara tuya seria y tranquila que tanto me reconforta, sin decir una palabra, y tu pelo rubio brillaba y caía por tus hombros con una extraña familiaridad, como si me hubiese despertado viéndolo o soñándolo toda las mañanas de mi vida.

Y entonces me desperté contrariado, qué hacías tú ahí, en el lo que parecía el tercer acto de mi sueño, sostenida por tus piernas de alfiler.

¿Me está devolviendo el subconsciente otra realidad que quiero negar?

..

Escrita e inspirada (a volumen muy alto) con: Explosions in the sky – Let me back in

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Un pensamiento en “Apareciste en el tercer acto.

  1. selemaca dice:

    Ufff…
    Los pelillos como escarpias.
    Me encanta. 😉
    Muy feliz día, Marciano.

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