Lugar de pertenencia, perpetuidad tal vez

No sé qué me llevaba a requerirte de vez en cuando, tanteaba entre la imprudencia y las ansias de beber de ti una vez más como si nada hubiese pasado.

Un amor sin tiempo ni fecha de caducidad. Vagando sobre esa mentira de que hay cosas que las horas no destruye. Lejos de la fugacidad de esas caras que te saludan con la misma facilidad que desaparecen entre una bruma de nostalgias y cansancios varios.

Un amor más parecido a un hogar. Al que poder regresar, en el que guarecerse de huracanes. Como en esas cocinas donde se sientan a desayunar en silencio, con la seguridad y la certidumbre de que no habrá olvido y que siempre habrá mañanas.

Desde que abandonaste ya nada podría contarte de los días. En esa terrible lucha estoy, de vivir fingiendo que no existes.

Tu ausencia seguirá creciendo como crece ahora. Recordándome aquel lugar, que existía en tiempo y forma, al que en ninguna otra madrugada podré volver.

Tu amor era un lugar al que pertenecía, que me daba una ilusión de perpetuidad tal vez.

O yo qué sé…

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