Sabina y yo.

Lo cierto es que no suelo escuchar a Sabina demasiado, ni he escuchado todas las canciones que tiene y ni siquiera tengo un cariño especial a un disco en concreto. Tampoco puedo decir que sea mi artista favorito, y mucho menos mi persona favorita. No me cae especialmente bien. Además es del atleti, el equipo de fútbol con la afición más esquizofrenica de Europa. Y ahí ya combina tres cosas que no me gusta; es persona, le gusta el fútbol y pertenece a una multitud de fanáticos enrarecidos.

Pero hay algo que se mueve en mi, que me conmueve, cuando escucho a Sabina. Primero, me recuerda a la infancia; a mi padre le gustaba y era un habitual entre las cintas que guardaba en el R5, que luego fue el Wolksvagen Polo, que luego fue el Renault Clio que yo muchos años después heredaria, ya sin cintas en su interior. La del pirata cojo… Y también a mi vecina Lucia, que ya era una teenager cuando yo aun era un enano de jardín. Porque sí amigos míos, Sabina a principios de los 90 era algo así como un sex simbol. Como lo oís.

Y el segundo punto, es que cuando le escucho tengo una sensación como de estar escucharlo algo transcendente, con significación propia, como si Sabina fuese la música que voy a escuchar en los momentos importantes de mi vida. Y esto lo relaciono con el primer punto puesto que tendemos a magnificar la infancia como una etapa de especial transcendencia, que lo es.

Me gustaría que en las noches tristes él estuviera allí, pero también en los viajes en coche cuando forme una familia. Que en las despedidas Sabina me explique porqué, y que cuando te haga el amor, o cuando no encontremos más que desesperanza suenen sus guitarras. Y por supuesto enseñarle sus canciones al hijo que quizá no tenga, y que él, con toda libertad las repudie y prefiera escuchar la música de moda de mierda del momento, pero que cuando cumpla los veinte lo descubra y se acuerde de mí. Como una buena persona, que intentó enseñarle cosas, que intentó explicarle un poquito de qué va eso de la vida.

Esa es la cualidad que tiene Joaquín Sabina, o la que mi mente tan necesitada de respuestas quiere darle; como si de alguna manera sus canciones pudiesen resolver toda la incertidumbre y el vacío existencial. Sabina es lo más parecido a la fe que he encontrado nunca.

Luego también estás tú, pero eso no sé si es fe o simple paranoia del devoto.

..

* La puse hace poco pero bueno…

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