Amputación a la inversa.

Hoy sentí que me sobraba la mitad del brazo derecho y los dientes. Concretamente desde un poco más abajo del codo y las dos paletas de arriba. Era una sensación extraña, no sabría explicar qué se siente. Era como si esas partes del cuerpo fuesen ajenas a mi. Que perteneciesen a otro, que ya no fuesen mías, o que la carne, que antes era yo y mi ser, ahora solo fuese masa podrida, filetes con moscas en una roñoso mostrador de carniceria.
Por supuesto que tanto mi brazo como mis dientes están en perfectas condiciones, puedo acariciarlos lentamente con la lengua y teclear mentiras en un ordenador como todas las noches. Pero…
Despues de mucho cavilar, medio dormido medio despierto, pude llegar a tres posibles causas para que haya dejado de sentir la mitad del brazo derecho y los dientes;
La primera puede ser que padezca algún tipo de desorden neurológico, Una especie de sindrome del miembro fantasma pero a la inversa. Que los nervios manden impulsos al neocortex de que el miembro que estaba ahí ya no está. Y que mi cerebro, para dotarle de cierta coherencia a mi estado físico y para contiuar sustentándose, decida que es mejor sentir que estas partes ya no forman parte de mi cuerpo y que han pasado a ser inutiles para mi.
La segunda explicación es que tanto la mitad de mi brazo derecho como mis dientes, en concreto mis dos paletas de arriba, hayan desarrollado una especie de conducta supersticiosa: Como si barruntasen y preveyesen que tarde o temprano van a dejar de tener vida, que se desprenderán de mi cuerpo, o que se harán viejas, impedidas, deslucidas y estropeadas. Y que por consecuencia es mejor ir preparandose para tal fraudulento castigo.
Y finalmente la explicación más plausible a todo este asunto que recorre desde las puntas de mis dedos afilados, va por las venas y arterias y los huesecillos de mi mano y luego recorre más o menos hasta un poco más abajo del codo, sin olvidar mis dos paletas de arriba, es que sin quererlo me haya tragado parte del veneno que contenias. Que mi mano al acariciar tu cara y mi boca al besar tu boca, sintiesen la mordedura de vibora y ahora el veneno esté recorriendo poquito a poco mi cuerpo, necrosando todos los tejidos, quemando toda la piel y la carne, desde aquel momento en que te conocí en el fondo más oscuro de aquel bar. Y pronto el veneno llegará al centro de mi mismo, al motor de engranajes, y en ese momento mi cuerpo solo será rastrojo, tierra yerma, recuerdo y ausencia, paralizandolo y dejándolo, finalmente, sin vida.

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