Breve carta de renuncia

Jamás hincaría la rodilla ante la sola idea,
lo sabes,
jamás lo haría.
Jamás contendría el rostro ante las monedas sueltas,
la mirada, la entrega misma.
Jamás lo haría.

Pero ante ti
me rindo, renuncio.
Renuncio a la esperanza de los lunes,
espera de los viernes.
Y que sea,
que sea
lo que Dios quiera.

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