Breve relato de felicidad capitalista.

Un hombre llega a la cumbre de su vida, al top. Lo del Everest. Está tan feliz, se siente tan poderoso, y allí están ellos, en la ventana de un lujoso hotel de Las Vegas, o de cualquier puta ciudad, una planta alta, casi arriba del todo.

Ella está arrodillada, desnuda, exhibiendo sus grandiosos pechos operados y su cara de modelo.

Él está de pie, desnudo, la palma de su mano se mueve por su propia cara y su cabeza de arriba a abajo, de abajo-arriba.

Ella tiene su gran polla en la boca, la chupa enérgicamente.

En la calle, en el vestíbulo del hotel, nadie mira hacia arriba, aunque mirasen sólo verían cosas que no identificarían concretamente pero les dejarían con la duda de si es verdad lo que están viendo.

Él mira todas las luces de la ciudad, rojas, verdes, carteles grotescos, carteles fastuosos. Y sonríe, abre la boca y sonríe,

Y toca su pelo, y juguetea ridículamente con la coleta, creyéndose y sintiéndose infantilmente Nacho Vidal.

Y le embiste la boca

Y vuelve a mirar a los pequeños taxis, a las poco más que sombras.

Y apoya las manos en el ventanal.

Y se corre, joder

se corre. En su boca,

Y ella sonríe.

Y tú también sonríes.

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