El juego.

“Esto es sólo un juego”, me dijiste, con la mirada firme y profunda. Y yo te creí. Cuenta hacia atrás, cuenta hacia adelante, salta, camina todos los días, come bollos de chocolate, sueña con tener una motocicleta que haga mucho ruido “¡Bruuummm brrrumm!” Haz el ridículo a cada segundo. Sal a la calle, salta, vacíate, gana dinero, compra cosas, gana dinero, compra cosas, entrégale tu tiempo a los demás. Qué más da, esto sólo es un juego. Has perdido la vergüenza, la esperanza, la ilusión y también el miedo y las llaves.

Ayer me encontré a un hombre en la calle, estaba tendido en la acera, borracho, muy borracho, intentaba en vano levantarse con sus muletas. El hombre era un perfecto desecho. Me miró como un cachorrito que vive dentro de una lata oxidada de 50 años de antigüedad. Me acerqué a él, cogí por un extremo una de sus muletas grises de hospital, él la mantuvo agarrada e hizo fuerza para intentar levantarse con mi apoyo. “¿A qué juega usted buen hombre?” Le pregunté. No hablaba mi idioma y empezó a balbucear en una jerga asquerosa. Solté la muleta y cayó de espaldas. No pierdo el tiempo, buen hombre, el juego continua y usted ya ha perdido.

En otra ocasión conocí a una chica, era más alta que yo, su nombre era Rebeca y trabajaba de camarera en el bar de un amigo al que iba a visitar cuando tenía ganas de pillarme un pedo de gratis. Sonreían unos hermosos ojos verdes. Su conversación era fluida y medía bien los tiempos. Conocía y preguntaba por lo desconocido. Yo la miraba embobado, sonreía yo también como un tonto cuando venía a mi rincón de la barra a charlar un rato. Algunas noches nos quedábamos fumando cuando cerraba el bar. Pensaba en ella a veces cuando escuchaba canciones románticas o cuando me masturbaba. Me interesaba, quería viajar a Grecia con ella, la miraba, la seguía mirando embobado, esperando la oportunidad de poder correrme en su boca. Cuando finalmente lo hice le pregunté si le había gustado el juego. En ese momento no me pareció que realmente tuviese una conversación interesante.

¡Ay! “Esto es sólo un juego” me dijiste. La muy zorra de ti. Sabiendo que me lo tomaría al pie de la letra. 

 

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