Archivo de la categoría: Poesía

Entre el amor y la sombra
me debato: último yo.

Prendido de un débil sí,
sobre el abismo de un no,
me debato: último
amor.

Tira de mis pies la sombra.
Sangran mis manos, mis dos
manos asidas al frío
aire: último dolor.

Éste es mi cuerpo de ayer
sobreviviendo de hoy.

 

 

Ángel González

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Puertas y ventanas

¿Qué son las cosas buenas
que me esperan?
¿Y valdrá la pena?

¿Qué quedará cuando
todo pase,
cuando todo acabe?

¿Quién vendrá en mi ayuda?
¿Con qué cara
y con qué ojos?

Dime
Dame una respuesta.
Porque no aguanto los días
Y tengo miedo
que me pesen los años.

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En tiempos de ignominia

En tiempos de ignominia como ahora
a escala planetaria, y cuando la crueldad
se extiende por doquier fría y robotizada,
aun queda buena gente en este mundo
que escucha una canción o lee un poema:
es el canto la voz y la palabra: única patria
que no pueden robarnos ni aun poniéndonos
de espaldas contra el muro.
Que nadie piense nunca:
no puedo más y aquí me quedo. Mejor mirarles
a la cara y decir alto: tirad hijos de perra,
somos millones y el planeta no es vuestro.

José Agustín Goytisolo

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MADRID, METRO, NOCHE

MADRID, METRO, NOCHE

Gente
exhausta,

con la vista
clavada
en el suelo,

preguntándose
por la vida,

la de verdad…

porque no puede ser
que sea
sólo
eso…

 

Karmelo C. Iribarren 

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La mano sucia

Mi mano está sucia.
Debo cortarla.
Lavarla no tiene sentido,
el agua está podrida.
El jabón es malo.
No hace espuma.
La mano está sucia.
Ha estado sucia por años.

Solía llevarla
escondida
en los bolsillos del pantalón.
Nadie sospechaba nada.
La gente venía a mí,
queriendo estrechar manos.
Yo rehusaba
y la mano escondida,
como una babosa oscura,
dejaba su huella
en mi muslo.
Entonces me di cuenta
que era lo mismo
si la usaba o no.
La repugnancia era la misma.

¡Ah! Cuántas noches
en las profundidades de la casa
lavé esa mano,
la restregué, la pulí,
soñé que se volvía
diamante o cristal
o incluso, por último,
una ordinaria mano blanca,
la mano limpia de un hombre,
que podrías estrechar,
o besar, o sostener
en uno de esos momentos
en que dos personas se confiesan
sin decir una palabra…
Sólo para sentir
la mano incurable,
letárgica y cangrejuna,
abrir su dedos sucios.

Y la suciedad era vil.
No era barro ni hollín
ni la suciedad endurecida
de una vieja costra
o el sudor
de la camisa de un trabajador.
Era la suciedad triste
hecha de enfermedad
y angustia humanas.
No era negra;
lo negro es puro.
Era opaca,
una suciedad grisácea y opaca.

Es imposible
vivir con
esta mano grosera que yace
sobre la mesa.
¡Rápido! ¡Córtala!
Córtala en pedazos
y arrójala
al océano.
Con el tiempo, con esperanza
y sus intrincadas maniobras
otra mano surgirá,
pura, transparente como el vidrio,
y se sujetará a mi brazo.

Mark Strand

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Estraños

Cliso los güeyos
porque máncame tanta lluz
y distáigome,
como siempre,
en cavilaciones…

Nin yo mesma me reconozco
sobreviviendo nesti mundo
de perfeutos estraños
que se sonríen.

Ana Vanessa Gutierrez

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De qué hablaría sino…

De qué hablaría sino…
Si todo conduce
como la tierra hollada
al claro del bosque,
en ti.

Si las prisas, el invierno
los rayos de sol y los libros.
Las canciones, los gin-tonics,
Las madrugadas desoladas,
las vertientes inclinadas,
los taxis de Madrid
todo
conduce a ti.

Y juro por Dios
que solo los desesperados,
los borrachos de vida,
te buscan
como el guardían en celo.
Y luego estamos los
que te aceptamos como
el unico destino,
la llegada a casa,
la cerradura y el temblor.
Da igual que lo quieras o no,
no le interesa tu opinión.

De qué hablaría sino
en las postales
y los cafes.
De nada más podría hablar.
Y este joven,
roto, triste y hundido,
te recuerda, ya viejo
de experiencias,
como la cruzada nunca ganada,
aturdido,
deseando
no ser nunca
la nostalgia de nadie.

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La tristeza del mar cabe en un vaso de agua

Los hombres tristes,
que tienen en sus ojos un café de provincias,
que no saben mentir como quien dice,
que se esconden detrás de los periódicos,
que se quedan sentados en su silla
cuando la fiesta baila,
que gastan por zapatos una tarde de lluvia,
que saludan con miedo,
que de pronto una noche se deshacen,
que cantan perseguidos por la risa,
que abrazan, que importunan hasta quedarse solos,
que retornan después a su tristeza
igual que a su pañuelo y a su vaso de agua,
que ven cómo se alejan las novias y los barcos,
esos hombres manchados por las últimas horas
de la ocasión perdida,
se parecen a mí.

Luis García Montero

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Dicotomía Incruenta

Siempre llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

Oliverio Girondo

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Problemas de geografía personal.

Nunca sé despedirme de tí, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de tí, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.

Luis García Montero

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