Archivo de la etiqueta: Amanda

Creo que no te quiero,
que solamente quiero la imposibilidad
tan obvia de quererte
como la mano izquierda
enamorada de ese guante
que vive en la derecha.

Julio Cortazar.

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Siniestro Total – Te Quiero


Y esos hombres que tú admiras que parecen visigodos.

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Dylan, Cash y tú.

Reconozco que me cuesta escribir más que nunca. Y no es la primera vez que empiezo con “qué podría contarte” “cómo decirte.” Y repito una vez más las palabras que están en boca de todo el mundo: vida, días, noches, sueños, recuerdos, nosotros… Y es que a mí, amiga, ya nada me dicen esas palabras, no van acompañadas por nada. No hay historias escondidas. Ya nada expresan.
En cambio, siento que colectivamente somos testigos del final de todas esas cosas. Todo se convierte en una copia burlesca de las ilusiones y esperanzas del pasado. El futuro no es sino el cansancio de lo que no pudimos cumplir. Y nada cambia, amor. La rutina, algunos libros, las viejas canciones de Bob Dylan y Johnny Cash, las borracheras, el sexo, los cristales de botellas rotas, la sangre, el flujo. Tienen forma pero a nadie interesa. Tampoco tengo respuesta a ese cinismo patológico de la gente, qué temen perder. Ni siquiera la tristeza es como lo era antes.
No sé, amor… Todo parece ser parte de un gran farsa, de un engaño masivo, los colores parecen amortiguados pero están bien, se puede soportar si aprendes a soportarlo. Pero a lo que no he aprendido es a habituarme que no estés aquí, y mucho menos he aprendido a no poder imaginar que estés aquí. Puedo convertirte en una musa de nostalgias, pero nada lleva, a nadie interesan las palabras sino hay una historia escondida detrás.
Te prometí no volver a escuchar esa canción que escribieron mientras esperaban turno en la sala de espera del mismísimo infierno. Esa canción que me hacía anhelar nuestra vida cara a cara, vivida en riguroso directo, sin ficción. Te prometí, me prometí, no volver a recordarte jamás. Pero volví a escuchar esa canción de Dylan y Cash. Y no pude, amor. No pude…

Remember me to one who lives there, she once was a true love of mine

Una pausa en todo esto, quizá porque yo soy más Dylan y tú más Cash, yo te recuerdo en los domingos cerrados y tú…

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Lugar de pertenencia, perpetuidad tal vez

No sé qué me llevaba a requerirte de vez en cuando, tanteaba entre la imprudencia y las ansias de beber de ti una vez más como si nada hubiese pasado.

Un amor sin tiempo ni fecha de caducidad. Vagando sobre esa mentira de que hay cosas que las horas no destruye. Lejos de la fugacidad de esas caras que te saludan con la misma facilidad que desaparecen entre una bruma de nostalgias y cansancios varios.

Un amor más parecido a un hogar. Al que poder regresar, en el que guarecerse de huracanes. Como en esas cocinas donde se sientan a desayunar en silencio, con la seguridad y la certidumbre de que no habrá olvido y que siempre habrá mañanas.

Desde que abandonaste ya nada podría contarte de los días. En esa terrible lucha estoy, de vivir fingiendo que no existes.

Tu ausencia seguirá creciendo como crece ahora. Recordándome aquel lugar, que existía en tiempo y forma, al que en ninguna otra madrugada podré volver.

Tu amor era un lugar al que pertenecía, que me daba una ilusión de perpetuidad tal vez.

O yo qué sé…

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Problemas de geografía personal.

Nunca sé despedirme de tí, siempre me quedo
con el frío de alguna palabra que no he dicho,
con un malentendido que temer,
ese hueco de torpe inexistencia
que a veces, gota a gota, se convierte
en desesperación.

Nunca se despedirme de tí, porque no soy
el viajero que cruza por la gente,
el que va de aeropuerto en aeropuerto
o el que mira los coches, en dirección contraria,
corriendo a la ciudad
en la que acabas de quedarte.

Nunca sé despedirme, porque soy
un ciego que tantea por el túnel
de tu mano y tus labios cuando dicen adiós,
un ciego que tropieza con los malentendidos
y con esas palabras
que no saben pronunciar.

Extrañado de amor,
nunca puedo alejarme de todo lo que eres.
En un hueco de torpe inexistencia,
me voy de mí
camino a la nada.

Luis García Montero

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Cómo podría explicarles…

He estado tanto tiempo abocado al cinismo, a esa virtud ilusoria que sostiene a los funambulistas, y ahora, que por fin tengo motivos para hablar de ti se me quiebra la voz. Pero cómo podría explicarle a toda esa gente que ocupa las plazas y las calles, a esas almas mutiladas, con tanto miedo, siempre con tanto miedo…  que has vuelto para terminar con tanto soliloquio en Si bemol menor.

Y por supuesto no hay ninguna certeza absoluta en este mundo, y no sé si me llamarás mañana para decirme cómo te han ido las cosas, o si volveremos a sentir ese soplido templado de las noches de verano. No es algo que importe ahora, pero cómo podría explicarles a toda esa gente con tanto tanto miedo que has vuelto, hemos vuelto, a ese lugar lejos del mundo de los hombres, que tiene un nombre que todo buen escritor sabe que no ha de decir.

Corazón.

+bonus
Evgeny Kissin plays Liszt-Liebestraume no.3

PD: Mira que obligarme a escribir pasteladas… No había más remedio.

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Arroz a la cubana.

Siento tener que escribir de mi tristeza otra vez.
Juro que intento los días ser más positivo,
odiar a toda esa gente que se lamenta
y va llenando de autocondescendencia
todas las estancias.

Pero es que cuando los problemas me arañan,
y tengo que sortear barreras
demasiado altas,
pienso en esos momentos de dulce agonía
que viví contigo.

Por ejemplo,
cuando ya habías perdido toda fe en mí
pero cocinabas huevos fritos con arroz.
Te acercaste y desde mi silla
me abracé a tus caderas,
y viste la bondad
por última vez
en mis ojos.

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Muchas veces.

Muchas veces miro tus fotos

como si hubiese algo

que pudiera hacerme

retroceder un par de años

o tres.

 

No es que te quiera

como lo hacía entonces,

ni siento tu fiero y

cálido aliento

que me animaba

tanto.

 

Es más por mí,

porque aquellos días

el mundo tenía una forma de girar

bajo mis pies

que parecía que pudiese controlar.

Como si todos los engaños,

el dolor, y la desolación,

no hubiesen sido más que

un ciego sueño

por el que hubiese que pasar

para llegar a conocerme,

y decir esas palabras

que me hacían

tan feliz.

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