Archivo de la etiqueta: Ángel González

Entre el amor y la sombra
me debato: último yo.

Prendido de un débil sí,
sobre el abismo de un no,
me debato: último
amor.

Tira de mis pies la sombra.
Sangran mis manos, mis dos
manos asidas al frío
aire: último dolor.

Éste es mi cuerpo de ayer
sobreviviendo de hoy.

 

 

Ángel González

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Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón, de desaliento.

No es que sienta tu ausencia el sentimiento. 
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura. 
Ausente tú, detrás todo de nada, 
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura. 
Prendida de tu ausencia mi mirada, 
contra todo me doy, ciego me hiero

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Palabras del Anticristo

Yo soy
la mentira y la muerte
(es decir, la verdad última
del hombre)

Sé que no hay esperanza,
pero te dije:
                    espera,
con el único fin
de envenenar la vida
con la letal ponzoña de los sueños.

No hubo resurrección.

Una gran piedra
selló mi tumba
en la que sólo había
silencio y sombra
Nada hallaron en ella, salvo sombra y silencio.

Yo soy el que no fue
ni será nunca:

en la oquedad vacía,
la turbia resonancia de tu miedo.

Ángel González

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Al lector se le llenaron de pronto los ojos de lágrimas,
y una voz cariñosa le susurró al oído:
— ¿Por qué lloras, si todo
en ese libro es de mentira?
Y él respondió:
–Lo sé
Pero lo que yo siento es de verdad.

Ángel González.

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¿Con qué lo redimimos,
aquel tiempo sombrío?
¿Con qué pagamos la alegría de ahora,
el envoltorio de bisutería
que ocupa hoy el lugar
del amor verdadero, del más puro
amor forjado
en el dolor y la desesperanza?
¿Qué entregamos
como compensación de tan desigual trueque?
Las más sucias monedas: La traición, el olvido.

Ángel González.

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Tal vez mejor así.

Recuerda aún los adverbios temporales:

ahora, nunca, luego,
todavía, ya no..
.

Y repite, obstinado, algunos de ellos:
antes, después.

Solamente un olvido le atormenta:

Después, antes… ¿De qué?

Ángel González

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Si resulta que sí podrás entender lo que me pasa a mi esta noche…
http://open.spotify.com/track/6SJz41lrjvWoyWrZoFyf7d

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Carta sin despedida

A veces,
mi egoísmo
me llena de maldad,
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin
remedio,
mi querido
hermano y parigual en la
desgracia.

A veces —o mejor dicho:
casi nunca—,
te odio tanto que te veo
distinta.
Ni en corazón ni en alma
te pareces
a la que amaba sólo
hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
—quizá por imposible
y por lejano—.
Pero el odio también me
modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme
cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo
nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú,
el cabello largo.
Cuando sonríes,
yo te reconozco,
identifico tu perfil
primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras, como
sigues
siendo,
como serás ya siempre,
mientras te ame.

 

Ángel González

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Otro tiempo vendrá distinto a éste.

Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
«Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes
en una noche densa de perfumes,
bellas palabras calificativas
para expresar amor ilimitado,
amor al fin sobre las cosas
todas».

Pero hoy,
cuando es la luz del alba
como la espuma sucia
de un día anticipadamente inútil,
estoy aquí,
insomne, fatigado, velando
mis armas derrotadas,
y canto
todo lo que perdí: por lo que muero

Ángel González

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Reflexión Primera

Despertar para encontrarme
esto:
la vida así dispuesta,
el cielo
turbio, la lluvia
que lame los cristales.

Abrir los ojos para ver
lo mismo,
poner el cuerpo en marcha para andar
lo mismo,
comenzar a vivir, pero sabiendo
el fracaso final de la hora última.

Si esto es la vida, Dios,
si este es tu obsequio,
te doy las gracias -gracias- y te digo:
Guárdalo para ti y para tus ángeles.

Me hace daño la luz con que me alumbras,
me enloquece tu música
de pájaros,
pesa tu cielo demasiado,
oprime,
aplasta, bajo y gris, como una losa.

Todo está bien, lo sé.
Tu orden
se cumple.
Pero alguien
envenenó las fuentes
de mi vida, y mi corazón es
pasión inútil, odio
ciego, amor desorbitado,
crisol donde se funden
contrariedades con contradicciones.

Y mi voluntad sigue,
inútilmente,
empeñada en la lucha más terrible:
vivir lo mismo que si tú existieras.

Ángel González

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