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MADRID, METRO, NOCHE

MADRID, METRO, NOCHE

Gente
exhausta,

con la vista
clavada
en el suelo,

preguntándose
por la vida,

la de verdad…

porque no puede ser
que sea
sólo
eso…

 

Karmelo C. Iribarren 

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La mano sucia

Mi mano está sucia.
Debo cortarla.
Lavarla no tiene sentido,
el agua está podrida.
El jabón es malo.
No hace espuma.
La mano está sucia.
Ha estado sucia por años.

Solía llevarla
escondida
en los bolsillos del pantalón.
Nadie sospechaba nada.
La gente venía a mí,
queriendo estrechar manos.
Yo rehusaba
y la mano escondida,
como una babosa oscura,
dejaba su huella
en mi muslo.
Entonces me di cuenta
que era lo mismo
si la usaba o no.
La repugnancia era la misma.

¡Ah! Cuántas noches
en las profundidades de la casa
lavé esa mano,
la restregué, la pulí,
soñé que se volvía
diamante o cristal
o incluso, por último,
una ordinaria mano blanca,
la mano limpia de un hombre,
que podrías estrechar,
o besar, o sostener
en uno de esos momentos
en que dos personas se confiesan
sin decir una palabra…
Sólo para sentir
la mano incurable,
letárgica y cangrejuna,
abrir su dedos sucios.

Y la suciedad era vil.
No era barro ni hollín
ni la suciedad endurecida
de una vieja costra
o el sudor
de la camisa de un trabajador.
Era la suciedad triste
hecha de enfermedad
y angustia humanas.
No era negra;
lo negro es puro.
Era opaca,
una suciedad grisácea y opaca.

Es imposible
vivir con
esta mano grosera que yace
sobre la mesa.
¡Rápido! ¡Córtala!
Córtala en pedazos
y arrójala
al océano.
Con el tiempo, con esperanza
y sus intrincadas maniobras
otra mano surgirá,
pura, transparente como el vidrio,
y se sujetará a mi brazo.

Mark Strand

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Estraños

Cliso los güeyos
porque máncame tanta lluz
y distáigome,
como siempre,
en cavilaciones…

Nin yo mesma me reconozco
sobreviviendo nesti mundo
de perfeutos estraños
que se sonríen.

Ana Vanessa Gutierrez

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De qué hablaría sino…

De qué hablaría sino…
Si todo conduce
como la tierra hollada
al claro del bosque,
en ti.

Si las prisas, el invierno
los rayos de sol y los libros.
Las canciones, los gin-tonics,
Las madrugadas desoladas,
las vertientes inclinadas,
los taxis de Madrid
todo
conduce a ti.

Y juro por Dios
que solo los desesperados,
los borrachos de vida,
te buscan
como el guardían en celo.
Y luego estamos los
que te aceptamos como
el unico destino,
la llegada a casa,
la cerradura y el temblor.
Da igual que lo quieras o no,
no le interesa tu opinión.

De qué hablaría sino
en las postales
y los cafes.
De nada más podría hablar.
Y este joven,
roto, triste y hundido,
te recuerda, ya viejo
de experiencias,
como la cruzada nunca ganada,
aturdido,
deseando
no ser nunca
la nostalgia de nadie.

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Escenas

Se comían la boca en la mesa del fondo.
El mundo no era el mundo. Estaba sobre el mármol
del bar donde el deseo recorría los labios
y las manos de ella que le buscaban cálidas
y el cuerpo estremecido que vivía y soñaba.

No había dulces misterios que rompieran la tarde,
ni siquiera la voz que se oía bajito
hablaba de ternura o de amor en suspiros.
Había en las urgencias de las caricias de ella
la lujuria de carne y la pasión del sexo.

Él hablaba y bebía y, muy de vez en cuando,
sonreía lo mismo que si los besos fueran
un combate de espadas que le abriera las venas.
Él miraba asustado y vencido los dedos
de ella que buscaba en su cuerpo la muerte.

Allí mismo en el fondo más oscuro y más limpio
de la taberna anónima las estrellas brillaban,
desconocidas naves de galaxias lejanas.
Él era el territorio a conquistar y ella
la mujer más hermosa bendita de pecados.

La vi salir riendo mientras él, en un gesto
antiguo como el aire, rozaba su cintura.
En la calle la tarde olía a madreselvas
Y unos niños corrían felices sin colegio.
Entonces pensé en ti.
Y el camarero, cómplice, llenó otra vez mi vaso.

Rodolfo Serrano.

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6.12 AM

Desde esta casa puedo ver el declive.
Me asomo a la ventana
y veo todas esas almas alejadas
de lo que un día soñaron ser.

Yo soñé con ser un nómada,
pero me faltó el valor
o algún clavo ardiendo
al que aferrar mis noches
y mis ilusiones.

Sin embargo, decidí quedarme aquí
esperando alguna señal del tiempo
y vi también lo infructuoso
de la espera.
Cómo los días pasan
desagradecidos,
sin dar posada ni cobijo.

Así que, en última instancia,
decidí no decidir nada.
Arreglarme todos los días
con un trabajo común,
existir dentro de quien me recuerde,
añorar algunas cosas sin dolor
olvidar esa desesperación.

Y quizás, algún día una mano
convierta mis horas
en excepcionales.
Sin acordarme ya
de ese amor del que
casi no recuerdo su nombre
ni de ningún otro.
Yo mismo, con las costillas abiertas
la carne descosida,
entregado sin pretensiones
a cualquier cosa que pueda pasar
que separe mi alma
de la pesada carga
de mi cuerpo.

+ bonus
Explosions in the Sky – First Breath after coma

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Arroz a la cubana.

Siento tener que escribir de mi tristeza otra vez.
Juro que intento los días ser más positivo,
odiar a toda esa gente que se lamenta
y va llenando de autocondescendencia
todas las estancias.

Pero es que cuando los problemas me arañan,
y tengo que sortear barreras
demasiado altas,
pienso en esos momentos de dulce agonía
que viví contigo.

Por ejemplo,
cuando ya habías perdido toda fe en mí
pero cocinabas huevos fritos con arroz.
Te acercaste y desde mi silla
me abracé a tus caderas,
y viste la bondad
por última vez
en mis ojos.

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Otra vida

Como contrapartida al post anterior este poema de Rodolfo Serrano:


Si mi vida hubiera sido otra, por ejemplo,

no tendría estos recuerdos del olvido,

ni la pasión perdida de quererte

o esas noches

en que vuelves al filo de los sueños.

Toda la vida otra se incluiría

en el minuto exacto en el que leo

un poema de amores imposibles. El instante

en el que Dashiell Hammet se resiste

a dar los nombres que nunca conociera.


No tendría tu nombre entre las cosas

que me ocupan los días y el trabajo,

ni serían tus labios un asunto pendiente,

ni tu cuerpo

la voluntad de andar cambiando cosas,

recuperando tardes, pesadillas

urbanas, recurrentes como el hilo

encontrado de Ariadna.


Si mi vida hubiera sido otra. Y no supieras

de mi existencia, ni nunca hubieras puesto

tus ojos en este pobre cuerpo,

y no hubieras sentido, tal vez entre los besos,

esa pasión pequeña de quien sabe

que el amor es tan sólo un arañazo

que no se cura nunca,

entonces, pienso ahora, sólo entonces

mi vida no sería

tan feliz como ha sido al añorarte.

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Anuncios por palabras

1
Poeta, sin pretensiones
y con una edad cualquiera,
pero joven,
ya con pocas ilusiones
— pues teme que cuanto espera
se lo roben–.
quisiera volverte a ver,
pasar contigo unos días
y sus noches,
empezarte a conocer
otra vez sin cacerías
ni reproches.

Luis García Montero.

..
http://www.goear.com/listen/ef6026c/se-equivocaban-contigo-quique-gonzalez
No sé por qué te gustaba esta canción

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Retrato

Eras morena y dulce. Y en tus ojos
volaban gorriones y palabras. En tu piel
estaba escrito el verso más tierno de Neruda.
Niña desnuda y bella como nube
de amor y primavera. La caricia
de una noche de mayo sobre una carne joven.

Eras, cuando llegabas, como el aire,
lo mismo que el sabor del chocolate
de trópicos y tierras aún no descubiertas.
En tu boca podían beberse los encuentros,
el último café, o el cigarrillo de antes de dormirnos.
La plenitud de día de un agosto cercano.

Venías de ningún sitio. Mas de todos,
de aquellas estaciones, del invierno,
de otros amores fieros y perdidos, de los pechos
amasados con miel y con azúcar. Toda eras,
cuando hasta mí llegabas, la sonrisa
más limpia de los dioses.

Tenías en el vientre ese calor suavísimo
de los sitios amados. El milagro pendiente
del pan y del vasito de vino a medio día.
La certeza en el pelo, corto y negro,
de ser, cuando en la cama te adoraba,
la única mujer que, si quisiera,
destruiría mi mundo con sus besos.

Por eso, corazón, sólo por eso
daría en este instante cualquier cosa
por volverte a vivir aquella noche,
cuando en un pueblo perdido me cogiste
mi rostro entre tus manos preguntando:
“Dios mío, por qué te quiero tanto”.

..

Rodolfo Serrano


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