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Amor de imbécil.

Estoy muy lejos de ti,
y de tu mirada,
y de tus ojos,
y de tu manera de torcer la boca,
y de tus dientes,
y de tu voz.

Estoy muy lejos de poder acercar mi cara a la tuya
y decir lo bonita que me pareces.
Estoy muy lejos de oírte hablar
cualquier cosa,
me daría igual cómo enlazases las palabras
oír cómo formas los sonidos sería suficiente.

Estoy muy lejos, y me duele.
Estoy muy lejos, y me frustra.
Estoy muy lejos y quiero irme más lejos,
huir,
para que la distancia sea tanta
que ya
no sienta que estás lejos.

Pero otras veces,
pienso en cómo me siento
cuando te tengo cerca.
Cuando por fin estamos en paz,
y te acompaño a fumar a la ventana del baño,
y te sientas en el retrete
y reconozco la imagen más maravillosa del mundo
y me quedaría, sentado en frente tuyo,
mirando y hablando
mientras meas
toda la vida.

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Puertas y ventanas

¿Qué son las cosas buenas
que me esperan?
¿Y valdrá la pena?

¿Qué quedará cuando
todo pase,
cuando todo acabe?

¿Quién vendrá en mi ayuda?
¿Con qué cara
y con qué ojos?

Dime
Dame una respuesta.
Porque no aguanto los días
Y tengo miedo
que me pesen los años.

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Breve carta de renuncia

Jamás hincaría la rodilla ante la sola idea,
lo sabes,
jamás lo haría.
Jamás contendría el rostro ante las monedas sueltas,
la mirada, la entrega misma.
Jamás lo haría.

Pero ante ti
me rindo, renuncio.
Renuncio a la esperanza de los lunes,
espera de los viernes.
Y que sea,
que sea
lo que Dios quiera.

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Del olvido, del olvido…

Del olvido, del olvido…
Del olvido vienen todos los miedos, 
como de un lugar remoto siempre conocido.
Del olvido viene la nocturnidad 
y ese aire maleado de respiración pesada.
Del olvido vienen las mentiras,
el deshonor, la furia, el llanto y el orgullo. 
Del olvido vienen los rostros de otras pasiones,
que también pasaron por aquel lugar,
que también fueron pasto de la sinrazón.

Nada bueno viene de ese lugar llamado olvido,
no es un lugar en el que quedarse,
no es un lugar al que regresar.

Muy lejos de allí, presente, vivimos.
Allí no está tu desnudez, 
Ni mis brazos sobre tus hombros, 
Ni tu boca entreabierta, 
Ni tus uñas en mi piel. 
Allí no existe esa mujer,
que es tan parte de mí como de ti,
a la que yo llamo Adelita
y con la que no sabría qué hacer
si se fuera con un comisario.

Aquí, en esta isla sin nombre,
es donde quiero estar.
No es un lugar concreto,
los niños no la estudian en geografía
ni se sabe cómo llegar.
Pero es el único lugar
de donde me siento parte:
Algo así como una patria,
suave y cálida,
que no existiría sin ti.

(Te escribo esto porque dicen
que las palabras están ahí,
que solo hay que saber encontrarlas.
Por si por un casual
yo encontrase alguna,
que nos alejase del olvido,
que te sirviese como mapa).

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De qué hablaría sino…

De qué hablaría sino…
Si todo conduce
como la tierra hollada
al claro del bosque,
en ti.

Si las prisas, el invierno
los rayos de sol y los libros.
Las canciones, los gin-tonics,
Las madrugadas desoladas,
las vertientes inclinadas,
los taxis de Madrid
todo
conduce a ti.

Y juro por Dios
que solo los desesperados,
los borrachos de vida,
te buscan
como el guardían en celo.
Y luego estamos los
que te aceptamos como
el unico destino,
la llegada a casa,
la cerradura y el temblor.
Da igual que lo quieras o no,
no le interesa tu opinión.

De qué hablaría sino
en las postales
y los cafes.
De nada más podría hablar.
Y este joven,
roto, triste y hundido,
te recuerda, ya viejo
de experiencias,
como la cruzada nunca ganada,
aturdido,
deseando
no ser nunca
la nostalgia de nadie.

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En esos días en que echo tanto de menos fumar

En esos días en que echo tanto de menos fumar
y vivo con esa calma de los bancos y los periódicos,
y ya no ato palomas a las farolas
cuando la ciudad no me asusta tanto como
para no sonreír a los niños.

Pienso en otras vidas, en todas aquellas que viví,
en las que aun quedan por vivir.
Pero sobre todo pienso
en aquellos días que sin saberlo eran felices
y estábamos contentos por compartirnos
Y poder fumarnos un cigarrito en la hierba
comerme tus ojos y cerrar la puerta de tu casa
al despedirme.

En esos días en que echo tanto de menos fumar
pienso tanto en ti,
en que si pudiera, amor mío, te diría
déjalo todo, cambia tu vida, y ven conmigo,
y líame uno de esos cigarrillos
que tan bien me sabe de tus manos.

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