Archivo de la etiqueta: Polly

=)

F E L I C I D A D E S ! ! !
Eres una atontada, pero eres mi atontada =)
dorotea.

+ Bonus

Lucha de gigantes

Etiquetado

A year with little

Hoy no sé qué escribirte. No tengo ninguna historia que inventarme. Palabras, palabras, palabras.  Solo quiero decirte que te echo de menos,  aunque estemos ajustados por omisión,  y que ojalá las carreteras no fuesen tan largas. Lo único que me gustaría decirte; llegaré a las siete a la estación,  no tardes.

Ryuichi Sakamoto – Railroad Man

Etiquetado

7 de Diciembre

Son las 5.40 de la madrugada y sigo despierto. Y es en este momento cuando las palabras y las conexiones entre frases empiezan a cobrar sentido en mi cabeza. Con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en la almohada. Puedo imaginarme que la mayoría de escritores  están así de zumbados por la falta de sueño. Porque es a la hora de dormir cuando por fin consigues pensar algo coherente. El resto del día lo pasamos. Remarcando el verbo pasar. Pasar que pase la vida, intentado pensar lo mínimo, mantenernos en stand by, no reflexionar demasiado. Sino seríamos unas plañideras, o ese tipo de subnormales que parlotean y parlotean sin parar en los bares como si fuesen puestos de coca. Los problemas del mundo no se solucionan en las tertulias de los cafés. Se solucionan en la más triste soledad, con insomnio y sabanas revueltas.

Todo esto para decir que he pensado en Polly. Lo sé, lo sé. Me lo niego a mi mismo porque es un recuerdo doloroso. Pero cuando no hay muchas emociones fuertes en tu vida, y las que hay son más bien anestésicos que excitantes, rememoras una y otra vez esos momentos que te marcan.

He estado pensando en aquella noche en Viena. (creo que lo de Viena ya lo he explicado antes) No recuerdo todos los detalles evidentemente, pero si tengo buena memoria en general. Aunque ya han pasado algunos meses, fue en abril o marzo. Lo que me es realmente indiferente, el tiempo se mide por sus propias escalas, un mes puede ser una eternidad, o 20 años puede ser un segundo. Algunos recuerdos, sobre todo los que tienes más presentes tienen un ritmo propio.

Veo que atardecía sobre la ciudad mientras que llegaba en autobús. Fue un trayecto que se me hizo muy largo e incomodo, el autobús era viejo. Recuerdo como el sol muy bajo rodeaba las penumbras de la llanura castellana. Y recuerdo bajarme del autobús, y sentir esa excitación exagerada. Casi inconsciente e irresponsable con las propias defensas. Expuestísimos al dolor. Pero daba igual, henchía el pecho y deseaba caer en sus brazos. Deseaba que me liase el primer cigarrillo al verme. Con una carcajada tan viva, tan real.

Sé que estaba fumando un cigarrillo mientras me esperaba, se lo quité y empecé a fumarlo sin decir nada. Por aquella época Polly tenía el pelo más corto que la última vez que la ví, imagino que no se lo habrá cortado. Y aunque yo le animaba a que se lo dejase largo ahora me doy cuenta de que me gustaba su pelo corto, le daba mucha personalidad, que no es que no la tenga ahora, pero no sé.. le hacía parecer débil y vulnerable (algo que yo siempre le he dicho de lo que se aprovechaba) y a la vez transmitía la necesidad de ser protegida. Sé que esto es algo muy machista, el hombre que protege a la niña indefensa. Me da igual. Su inocencia era dulce, mi abrazo sincero. No entraban en juego implicaciones morales ni sufragistas con pancartas. Supongo que eso me gustaba, pensar que podía contar conmigo por si venían las bestias a atraparla en la madrugada. O algo así.

El aire era cálido por la calle… no recuerdo el nombre… ¿Ordoño I? Sé que la calle principal de Viena tiene nombre de Rey visigodo o algo por el estilo. Repito; el aire era cálido y la brisilla acompañaba a soñar. De ese tipo de brisa que te acaricia y te envuelve. De perfumes densos y agradables. Pasear por una ciudad que no conoces, con una mujer a la que quieres conocer, es como entrar un juego diseñado por un hippie puesto de LSD, casi transneptuniano.  Y sin embargo bonito. Podría describir muchos momentos que viví aquella noche, pero son las sensaciones las que te dejan huella. Difíciles de describir, de percibir, incluso de sentir, que te bañan y te marcan. Pero no sé qué tipo de escritor seré sino puedo describir aquellas sensaciones desparramadas. Puedo inventarme alguna excusa para pasar esto por alto, pero me imagino que todos tenemos un instante en nuestra vida, que recordamos y que no podemos decirle a nadie cómo lo viviste, de qué manera lo viviste. ¿Lo recuerdas? Allí estabas tú, en aquél momento. Y ahora puedes recordarlo y esbozar una sonrisa. Porque tú estabas allí. En aquél momento.

Y eso es todo lo que me queda de Polly; sensaciones que no puedo describir, recuerdos que no puedo contar. Palabras que no puedo decir

 

Etiquetado ,

un grito

Nunca había visto tu frialdad
cruzando esquinas,
sorteando buzones de correo
para instalarse,
para siempre
en mi cuerpo.

Quizá sea por
el tiempo que llevo
sin escuchar tu voz.
Y ya no se encienda
la manera de pronunciar
mi nombre,
la sonrisa cansada
que me hacía tanto bien,
tu cabeza sobre el hombro,
la mirada que perdona
al niño travieso.

Quizá el tiempo solo
sea la excusa del olvido.
Y ya nada sea tan vivo
ni tan importante
como parecía
aquella noche en Viena.
Asiento
donde mordí el pecado
y tu piel.

Tal vez la lejanía
de nuestros cuerpos
nos hace huir
de las cartas
y de los teléfonos.
Correr por los pasillos,
mentir y desesperar
por algo más real
y más cercano.

O tal vez el miedo
a encontrarte igual de lejos
estando a mi lado
en tiempo y distancia
sea motivo y duelo
de esta
nuestra amistad,
nuestra vida,
tu recuerdo entre mis labios,
tus puertas cerradas,
un adiós
y un hasta luego.

(Llora.
No te quedes callada.
Grita.
Sujétame.
No dejes que me vaya.
Sorpréndeme.
Pero haz algo.)

Etiquetado ,

troubles weighs a ton

Cuento las horas de silencio
ya son dos, cuatro, siete
horas de silencio
a viva voz.

Recuerdo algún dolor templado,
algún beso minúsculo
dibujando en mi cuello.
Soporte de manos, de calor
y cansancio.

Esta tarde las sabanas queman
como arena del desierto.
El verano me niega sombra
y pedazos de ti.

Esperando que vengas,
o en todo caso
que quieras venir
a que me robes las horas
de silencio
que a viva voz
muerden y ladran
quieren que estés aquí.

Etiquetado ,

Un conductor inglés

Si un Aston Martin, un Jaguar o un viejo Rover descapotable bien traído desde las islas recorre las carreteras de Zamora, Salamanca o las estrechas caleyas asturianas puede que los dos elementos; carretera y automóvil consigan hacerse valer para el fin que fueron construidos. Los tapacubos cromados rocen los mares de viento y trigo; y la capota descanse plegada de la fatiga del sol; y que los espejismos al final de la vista den vida y sueños; en el radiocasete suene Born to be wild y nada tenga más sentido que las nubes; antes que el cielo; el cielo antes de la inmensidad de la meseta.

Puede que en ese viejo Rover burdeos con capota de tela se den muchas historias, las Ray Ban oculten lágrimas y algunos destellos de su melena rubia se venga al asiento delantero izquierdo en un lugar entre Oviedo y Zamora; Los cristales se empañen al remanso de alguna playa en calma. Ese viejo coche le de la razón a Kavafis y lo importante sea siempre el camino y no los tesoros que Ítaca pueda ofrecerte.

Puede que todo sea cierto por una vez, pero si un conductor inglés – con el volante a la derecha – maneja su viejo Rover descapotable por las carreteras de Zamora, Salamanca o las angostas caleyas asturianas puede que vaya en la buena dirección; pero siempre ira en el sentido contrario.

Etiquetado ,