Archivo de la etiqueta: Rodolfo Serrano

Escenas

Se comían la boca en la mesa del fondo.
El mundo no era el mundo. Estaba sobre el mármol
del bar donde el deseo recorría los labios
y las manos de ella que le buscaban cálidas
y el cuerpo estremecido que vivía y soñaba.

No había dulces misterios que rompieran la tarde,
ni siquiera la voz que se oía bajito
hablaba de ternura o de amor en suspiros.
Había en las urgencias de las caricias de ella
la lujuria de carne y la pasión del sexo.

Él hablaba y bebía y, muy de vez en cuando,
sonreía lo mismo que si los besos fueran
un combate de espadas que le abriera las venas.
Él miraba asustado y vencido los dedos
de ella que buscaba en su cuerpo la muerte.

Allí mismo en el fondo más oscuro y más limpio
de la taberna anónima las estrellas brillaban,
desconocidas naves de galaxias lejanas.
Él era el territorio a conquistar y ella
la mujer más hermosa bendita de pecados.

La vi salir riendo mientras él, en un gesto
antiguo como el aire, rozaba su cintura.
En la calle la tarde olía a madreselvas
Y unos niños corrían felices sin colegio.
Entonces pensé en ti.
Y el camarero, cómplice, llenó otra vez mi vaso.

Rodolfo Serrano.

Anuncios
Etiquetado ,

Nunca se dice adiós.

Nunca se dice adiós. Por mucho que se diga,
decir adiós es lo último que importa.
Porque en esos instantes,
el corazón no está para alegrías.
Así que, normalmente,
no hay palabras que valgan cuando ella,
o él nos abandonan.

Ni siquiera una copa que nos salve
del momento en que todo se derrumba.
Tal vez sea porque siempre
pensamos que no reza con nosotros
ninguna regla escrita. O no hay reglas
que puedan ordenar
los besos y los nombres.

No sé cómo explicarte lo que ocurre.
Pero nunca,
cuando estaba seguro,
de que estaba asistiendo
a la derrota más última del tiempo
jamás se me ha ocurrido
decir: “adiós, mi amor. Aquí se acaba todo”.
Nunca lo dije porque siempre he pensado
que tú misma volverías cualquier tarde.

(Ya sabes. Soy
un temible optimista.
Y eso que han pasado,
a lo tonto más de veintitrés años,
que se dice pronto)

Rodolfo Serrano

PD: Ya sé que tengo el blog un poco abandonado pero no estoy en mi época más creativa.

Etiquetado

Ya no te busco

Recuerdo muchas veces tu sonrisa cansada,
y tu piel que temblaba y tu ceño fruncido.
La dulzura que entonces tenías cuando amabas,
cuando la vida era tu voz en el teléfono.

Te imagino y te veo como eras entonces:
una niña que andaba recortando la luna,
esa tierna pereza de todos los hoteles
y esas manos, tus manos, arañando mi espalda.

Te amaba como sólo se ama lo que nunca
será nuestro. Y te amo con el mismo desastre,
la misma desazón de un futuro imposible.
Jamás hicimos planes más allá de ese instante.

Cuando cierro los ojos en la noche de otra
me recorre la lengua ese sabor marino
que habitaba en tu sexo y moría en mi boca
con la sal del deseo de tu sudor sagrado.

Recuerdo el cigarrillo que fumabas con ansia,
y el miedo de los viernes, los medios días del lunes
y el camino a tu casa. Tus lágrimas al irnos.
Y esa mano de aire que rozaba mi cara.

Te quiero todavía. Y te querré ya siempre
con la misma certeza con la que en este ahora
sé que sólo serás un recuerdo, el latido
del corazón deshecho que dejó de buscarte.

Rodolfo Serrano.

Etiquetado

Otra vida

Como contrapartida al post anterior este poema de Rodolfo Serrano:


Si mi vida hubiera sido otra, por ejemplo,

no tendría estos recuerdos del olvido,

ni la pasión perdida de quererte

o esas noches

en que vuelves al filo de los sueños.

Toda la vida otra se incluiría

en el minuto exacto en el que leo

un poema de amores imposibles. El instante

en el que Dashiell Hammet se resiste

a dar los nombres que nunca conociera.


No tendría tu nombre entre las cosas

que me ocupan los días y el trabajo,

ni serían tus labios un asunto pendiente,

ni tu cuerpo

la voluntad de andar cambiando cosas,

recuperando tardes, pesadillas

urbanas, recurrentes como el hilo

encontrado de Ariadna.


Si mi vida hubiera sido otra. Y no supieras

de mi existencia, ni nunca hubieras puesto

tus ojos en este pobre cuerpo,

y no hubieras sentido, tal vez entre los besos,

esa pasión pequeña de quien sabe

que el amor es tan sólo un arañazo

que no se cura nunca,

entonces, pienso ahora, sólo entonces

mi vida no sería

tan feliz como ha sido al añorarte.

Etiquetado ,

Retrato

Eras morena y dulce. Y en tus ojos
volaban gorriones y palabras. En tu piel
estaba escrito el verso más tierno de Neruda.
Niña desnuda y bella como nube
de amor y primavera. La caricia
de una noche de mayo sobre una carne joven.

Eras, cuando llegabas, como el aire,
lo mismo que el sabor del chocolate
de trópicos y tierras aún no descubiertas.
En tu boca podían beberse los encuentros,
el último café, o el cigarrillo de antes de dormirnos.
La plenitud de día de un agosto cercano.

Venías de ningún sitio. Mas de todos,
de aquellas estaciones, del invierno,
de otros amores fieros y perdidos, de los pechos
amasados con miel y con azúcar. Toda eras,
cuando hasta mí llegabas, la sonrisa
más limpia de los dioses.

Tenías en el vientre ese calor suavísimo
de los sitios amados. El milagro pendiente
del pan y del vasito de vino a medio día.
La certeza en el pelo, corto y negro,
de ser, cuando en la cama te adoraba,
la única mujer que, si quisiera,
destruiría mi mundo con sus besos.

Por eso, corazón, sólo por eso
daría en este instante cualquier cosa
por volverte a vivir aquella noche,
cuando en un pueblo perdido me cogiste
mi rostro entre tus manos preguntando:
“Dios mío, por qué te quiero tanto”.

..

Rodolfo Serrano


Etiquetado ,

Depresión

A veces me deprimo. Me gustaría entonces
ser el hombre del metro, el hombre anuncio
que camina en la calle. Ese muchacho
que abraza en una esquina la carne deseada.
Son instantes
que duran lo que dura nada y todo.

Quisiera ser tan sólo alguien que bebe
un vino en la taberna y que disfruta
al ver pasar la tarde por los cristales sucios.
Olvidar el pasado. Y el presente
construirlo con un cigarro rubio, una palabra
sencilla, como el aire de tu boca.
No sé hasta donde
me llevan los impulsos y el deseo.

Estoy cansado, deseando
no tener compromisos ni esperanzas.
Olvidar que la vida se me agolpa
deprisa en la garganta y en el alma.
Y que vivir es eso: los instantes
que habitan entre los unos y los otros. Me parece
que no hay mayor desolación que el encontrarse
de noche sin tener alguien que diga:
“De donde vienes
tan tarde y tan cansado”

Rodolfo Serrano

Este tío me mata, en serio. Es…

Etiquetado ,